Miembros de más de 50 ONG han formado este viernes una cadena humana para impedir el cierre de una instalación de ayuda en un paso fronterizo entre Turquía y Siria, la única escala para la llegada de bienes de necesidad al noroeste de la república árabe.

Las ONG han pedido una ampliación de la normativa de Naciones Unidas que regula la llegada de ayuda a través del paso fronterizo de Bab al Hawa, punto de entrada de material humanitario y vacunas contra el coronavirus a este área de Siria, el último bastión de los rebeldes, y que expira el próximo 10 de julio. Más de 1.000 camiones entran cada mes por este lugar.

Alrededor del 75 por ciento de los cuatro millones de habitantes de la provincia de Idlib, gran núcleo de población de la zona, dependen de la ayuda humanitaria, según informa Human Rights Watch (HRW).

La ONG avisa de que sólo quedan tres hospitales en funcionamiento, las cifras de contagio por COVID crecen, y hasta ahora sólo han llegado unas pocas dosis de vacunas.

Aunque ya existe una propuesta de resolución en la ONU para ampliar la apertura otros 12 meses, Rusia, como aliado del Gobierno de Bashar al Assad y miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto, ha expresado su interés en cerrar este paso, para que la ayuda llegue en su lugar a través de la capital, Damasco, y siempre bajo supervisión de las autoridades sirias.

Para el grupo de los Cascos Blancos, el cierre de esta frontera va acomplicar todavía más la situación humanitaria en la región e incrementará «la propagación de enfermedades como el coronavirus», según el portavoz Munir Mustafa.

La cadena está formada por más de 2 mil 500 trabajadores que se han alineado en la principal carretera que llega al punto de control.

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